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Suelo radiante: pon el calor a tus pies

Elegir el sistema de calefacción es una de las decisiones más importantes que debemos tomar para asegurarnos el bienestar dentro de nuestra casa. Se trata de una elección complicada porque son muchos los factores que debemos considerar y de ellos dependerá nuestra comodidad y el coste medio que afrontaremos para calentar nuestro hogar en el futuro.

Las opciones son numerosas: eléctrica, gas natural, propano, butano, estufas de pellets…, todas tienen sus pros y sus contras y cada una se ajusta mejor a un determinado tipo de vivienda. Desde Casaktua, hoy queremos centrarnos en un tipo de calefacción avanzada pero poco conocida: el suelo radiante.

Aunque nos pueda parecer un sistema muy moderno, el principio funcional es realmente antiguo. Ya los romanos lo empleaban en sus construcciones, especialmente en las termas. Lo llamaban hipocausto.

El suelo radiante actual consiste en una red de tubos finos, instalados bajo el pavimento de la vivienda. A través de ellos circula agua caliente y el calor que desprenden se irradia desde el suelo hacía el resto de la estancia. Al pesar menos que el aire frío, el aire caliente sube y se reparte de manera homogénea por todo el espacio.

Pero ¿es muy caro? ¿es complicada la instalación?

Esas son algunas de las dudas que surgen cuando se plantea poner un suelo radiante. Obviamente, todos los sistemas tienen sus particularidades y el suelo radiante presenta también algunos inconvenientes. Para empezar, la inversión inicial para su instalación y puesta en marcha es alta (unos 60€/m²), si la comparamos con otros tipos de calefacción.

Por otra parte, a veces, su montaje no es viable, ya que requiere una altura de recrecido de entre 10-12 cm. Por ese motivo es imprescindible llevar a cabo un estudio previo.

Asimismo, no es compatible con todos los tipos de revestimiento. Es fundamental que se coloque bajo materiales resistentes a los cambios bruscos de temperatura, como los suelos cerámicos o las baldosas. Así que, si queremos instalar suelo radiante, mejor olvidarse del parqué o la tarima.

Entonces, ¿cuáles son sus ventajas?

Una de las más destacadas es su rendimiento. No es necesario que la temperatura del agua sea muy alta para calentar la estancia, con una media de entre 30º y 45º es suficiente (frente a los 70º que requieren los radiadores convencionales) Esto supone un importante ahorro energético y económico.

Desde el punto de vista medioambiental es un sistema sostenible. Debido a la baja temperatura que requiere, es ideal para alimentarse fuentes renovables de energía como, por ejemplo, las placas solares.

Otra de las ventajas más valoradas es su comodidad y discreción, se lo conoce como el “calor invisible”. Al no transmitirse mediante radiadores, estufas o salidas de aire, aporta una agradable sensación térmica que envuelve a la persona de forma general en todo el espacio.

Y, por último, pero no menos importante, ésta la ventaja estética. La ausencia de emisores de calor facilita la decoración y el diseño de los ambientes, así como la colocación de mobiliario. Las estancias quedan más despejadas y ganan en espacio útil.

2018-11-06T17:22:00+00:00 2 noviembre, 2018|Tags: , , , , , , , |0 Comments

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